LA NOCHE
I
La noche es vasta... innombrable.
La noche es eterna...
como tus ojos mirando al infinito del mar,
como tus ojos mirando
al límite inalcanzable del amanecer entre los árboles.
La noche, que se deshace silenciosa en un océano de preguntas,
agotada en mi boca, como una a una las estrellas,
es un remolino inmenso de oscuridad.
La noche...
en la que no acaban los nuncas ni los hasta siempre,
donde no yacen auroras ni ángeles,
ni se abren rezos hacia el cielo,
se va muriendo despacio entre estas líneas,
lentamente, lentamente... al nacer el sol.
Entonces,
tú abres los ojos con el infinito del mar,
abres los ojos
alcanzando el límite inalcanzable del amanecer entre los árboles.
II
Callo a veces del día,
porque cuando te miro desapareces.
Eres brisa sutil que pasa rozándome y se marcha,
torbellino de búsquedas en otros lugares...
Porque el día llega para reclamarte la risa,
para robarme tus ojos, para robarme tus ojos...
Entonces busco ansiosa la noche
debajo de la almohada,
en los cajones estáticos del armario
y en mi rostro cubierto de rutina...
en las aceras, en las gentes,
en los silencios cargados de café...
en los lugares donde te echo de menos.
Y así, la hallo, la encuentro enredada en tu voz,
en los momentos de labios y abrazos,
en el nudo de tu cuerpo y el mío.
III
De nuevo, la noche es nuestra...
pero para no marcharse,
quedarse lenta entre nosotros,
detenida en estas líneas...
y en tus ojos de mar
alcanzando el límite inalcanzable del amanecer entre los árboles.
©®Diana Rodrigo Ruiz
La noche es vasta... innombrable.
La noche es eterna...
como tus ojos mirando al infinito del mar,
como tus ojos mirando
al límite inalcanzable del amanecer entre los árboles.
La noche, que se deshace silenciosa en un océano de preguntas,
agotada en mi boca, como una a una las estrellas,
es un remolino inmenso de oscuridad.
La noche...
en la que no acaban los nuncas ni los hasta siempre,
donde no yacen auroras ni ángeles,
ni se abren rezos hacia el cielo,
se va muriendo despacio entre estas líneas,
lentamente, lentamente... al nacer el sol.
Entonces,
tú abres los ojos con el infinito del mar,
abres los ojos
alcanzando el límite inalcanzable del amanecer entre los árboles.
II
Callo a veces del día,
porque cuando te miro desapareces.
Eres brisa sutil que pasa rozándome y se marcha,
torbellino de búsquedas en otros lugares...
Porque el día llega para reclamarte la risa,
para robarme tus ojos, para robarme tus ojos...
Entonces busco ansiosa la noche
debajo de la almohada,
en los cajones estáticos del armario
y en mi rostro cubierto de rutina...
en las aceras, en las gentes,
en los silencios cargados de café...
en los lugares donde te echo de menos.
Y así, la hallo, la encuentro enredada en tu voz,
en los momentos de labios y abrazos,
en el nudo de tu cuerpo y el mío.
III
De nuevo, la noche es nuestra...
pero para no marcharse,
quedarse lenta entre nosotros,
detenida en estas líneas...
y en tus ojos de mar
alcanzando el límite inalcanzable del amanecer entre los árboles.
©®Diana Rodrigo Ruiz


1 Comments:
hermoso, muy hermoso
leriones
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