DE TIERRA, DE MAR Y DE AIRE
Desde esta tierra que abre mi garganta
a palabra desnuda escribo siempre,
porque soy tierra... y mar, y también aire.
Mis labios, son de arena ardiente y roja,
que palpitantes buscan sin dar tregua
al tiempo y a la vida. Y mi piel...
arcilla dividida en el delirio,
se rasga apasionada en la caricia.
Porque este cuerpo a veces se hace extraño,
y es de tierra, y de mar, y también de aire.
Mi cabello, es la espuma de la ola
que se agita temblando en la tormenta;
y en la almohada, descansa silencioso
después de la batalla con la lluvia.
Entonces llega el sueño, y la noche,
dibujando su cauce melancólico
de sombras tras mi sien.
Desde allí, parte
un arroyo nocturno lentamente...
que desliza su tacto por mi espalda,
y se pierde... se pierde entre lo oscuro.
Porque a veces mi cuerpo se derrama,
se vuelve tierra, y mar, y también aire.
Mis brazos, son de brisa tras la calma...
y ondean presintiendo la ternura,
se estremecen, se agitan en anhelo...
y en las manos me nace un remolino
de impaciencias, de prisa y de locura.
Y si encuentran destino no hay naufragio...
si hallan respuesta, muere la quietud
de este cuerpo convulso y tembloroso,
que se convierte en trueno y vendaval.
Porque este cuerpo a veces se hace extraño...
porque a veces mi cuerpo se derrama
y se hace tierra... y mar, y también aire.
a palabra desnuda escribo siempre,
porque soy tierra... y mar, y también aire.
Mis labios, son de arena ardiente y roja,
que palpitantes buscan sin dar tregua
al tiempo y a la vida. Y mi piel...
arcilla dividida en el delirio,
se rasga apasionada en la caricia.
Porque este cuerpo a veces se hace extraño,
y es de tierra, y de mar, y también de aire.
Mi cabello, es la espuma de la ola
que se agita temblando en la tormenta;
y en la almohada, descansa silencioso
después de la batalla con la lluvia.
Entonces llega el sueño, y la noche,
dibujando su cauce melancólico
de sombras tras mi sien.
Desde allí, parte
un arroyo nocturno lentamente...
que desliza su tacto por mi espalda,
y se pierde... se pierde entre lo oscuro.
Porque a veces mi cuerpo se derrama,
se vuelve tierra, y mar, y también aire.
Mis brazos, son de brisa tras la calma...
y ondean presintiendo la ternura,
se estremecen, se agitan en anhelo...
y en las manos me nace un remolino
de impaciencias, de prisa y de locura.
Y si encuentran destino no hay naufragio...
si hallan respuesta, muere la quietud
de este cuerpo convulso y tembloroso,
que se convierte en trueno y vendaval.
Porque este cuerpo a veces se hace extraño...
porque a veces mi cuerpo se derrama
y se hace tierra... y mar, y también aire.
©®Diana Rodrigo Ruiz


3 Comments:
Son muy buenos tus poemas:
inspirados de tierra, mar y aire.
Continua escribiendo tienes madera.
Hugo
Best regards from NY! » » »
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